28 Abr

Taller de Filosofía para niños y niñas de 5 a 8 años en el Liceo Francés: Abril III

Abril 2014

SESIÓN III: “El Mago de Oz”: Capitulo IV

¿De verdad el Espantapájaros no tiene cerebro?

a cargo de Lucía Aguilar

Empezamos la sesión terminando una tarea que no acabamos en la sesión anterior: cómo nos imaginamos el país de Oz. Nuestros dibujos nos hicieron retomar el hilo de la historia y seguimos con la lectura. En este capítulo Dorothy había encontrado a uno de los personajes principales. Cuando empiezan a conocerse el Espantapájaros explica por qué razón era mejor para él no necesitar comer.

 “… Pues mi boca es solo una raya pintada. Si abriera en ella un agujero para poder comer, se me saldría la paja de estoy hecho y eso arruinaría la forma de mi cabeza.”

Este pasaje hizo que Lia preguntase: ¿y por qué piensa el espantapájaros?
¿Crees que el espantapájaros piensa?
Lia: Sí, está pensando que solo tiene una raya en su boca.
Ema reaccionó a este comentario: No piensa porque no tiene cerebro.

Esto nos llevó a una pequeña discusión antes de continuar leyendo.Volvimos a escuchar las líneas anteriores. Ema cambió de opinión y Lia también afirmó que el espantapájaros estaba pensando. ¿Por qué creéis esto?

Lia: Porque sí
Ema: Porque sí no vale, tiene que haber un por qué…

No supimos articular exactamente por qué pensaba pero, ¿ cómo puede pensar alguien que no tiene cerebro? Las chicas se plantearon si era posible que tuviese cerebro, pero eso lo comprobaremos al final de la historia…

Este punto de la historia planteó más dudas, Lia: ¿Cómo puede hablar si no puede abrir la boca? Lia explicó: tenemos que abrir la boca para que salgan las palabras… Cuando hablamos el aire sale, es aire que puede hablar.

A Lia no se le escapa ni una, en esta historia no podíamos dejar ni un cabo suelo… ¡El autor pensaba que no ibamos a caer en este pequeño detalle!

El espantapájaros aparentemente no podría comprender muchas cosas porque no tenía sesos. Vimos que “Sesos” significa lo mismo que “cerebro”, que eran sinónimos y

Ema pareció indignada por el uso del lenguaje que se hacía en el cuento: ¿y por qué dice “sesos” en vez de “cerebro”?, lo comprenden mejor en “cerebro”, no en “sesos”.

Continuamos hasta el final de la historia y quedamos en que el próximo día retomaríamos la historia del leñador de hojalata.


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